DAMIÁN ASHFORD
—¡Y vine por ti, perra! —gritó mi querido papi suegro lleno de furia—. ¿Creías que podías joderle la vida a mi hija sin consecuencias? ¡Ahora te voy a meter las consecuencias en forma de plomo por el culo!
Cuando se acercó con determinación, listo para terminar con el trabajo, posé mi mano en su pecho, deteniéndolo. Sus ojos me vieron con desprecio, pensando que me estaba acobardando, hasta que tomé el arma de su mano y fui el primero en entrar al despacho de mi madre.
—¡De todo