DAMIÁN ASHFORD
—Damián, ¡por favor! ¿De dónde sacas todo eso? —preguntó divertida, adentrándose en la casa. Aunque su actitud era como una piedra en el zapato, curiosamente no me sentía explosivo ni iracundo, simplemente anestesiado, incapaz de sentir algo—. Me parece una falta de respeto que hables de esa manera de mí. Después de todo no fui yo quien regaló la mitad de la empresa y bienes a una completa desconocida.
»¡No! ¡Peor! A una bastarda. El recuerdo constante de que una mujer sin amor