DAMIÁN ASHFORD
Si mi día había sido bizarro, la noche amenazaba con serlo más. A la cabeza de la mesa se encontraba mi suegro, viéndome con sus ojos de halcón, sin soltar la bolsa de guisantes congelados contra su boca. A su derecha se encontraba Andy, cargando a Esteban, viéndolo con dudas, pero sabiendo que era la única capaz de cuidar de él, por lo menos en ese momento.
Además, si la situación salía de control, el pobre niño saldría volando como muñeco de trapo, junto con el resto de las co