SHAWN ROBERTS
Tal vez era un idiota por creer que después de todo lo que había pasado en el hotel, ella llegaría a la cafetería, se sentaría en la mesa de siempre y estaría dispuesta a hablar. La esperé por dos largas horas y para hacer mi agonía más profunda, pedí lo mismo que ella me recomendó la primera vez que intercambiamos palabras, no pude tomar ni un solo bizcocho. Simplemente permanecí en silencio, con una taza de café que se enfriaba mientras veía la calle con apatía, pero esperando v