RACHEL MONROY
—No hay malos aquí —respondió mi madre con tranquilidad—. Al principio lo odie, pero curiosamente el mismo hombre del que desconfiaba fue quien me apoyó y me dio fuerzas para salir adelante sin rencor. Irónico. Al final me di cuenta de que fue una víctima igual que yo. Que no pudimos tomar decisiones que no estuvieran influenciadas por terceros.
»Éramos jóvenes y aún dependíamos de la aprobación de los demás, de cumplir con lo que esperaban de nosotros. Nos dejamos influenciar y p