RACHEL MONROY
Esa fue la primera vez en mucho tiempo que pude dormir profundamente sin tener pesadillas o despertarme a mitad de la noche. Los brazos de Shawn me daban calor y confort, mientras que los latidos de su corazón se volvieron una canción de cuna que me acompañó a cada minuto.
Mi mano se posó sobre su pecho, acariciando sus cicatrices con ternura, hasta que sentí unas bolitas metálicas que me hicieron abrir los ojos. Era la cadena de su placa. Shawn aún estaba dormido y no sintió cua