ROCÍO CRUZ
Mi mañana transcurrió en un silencio extraño. Tardé más tiempo en la regadera antes de ponerme uno de los elegantes atuendos que había empacado para la misión fallida. Cada segundo en mi cuarto esperaba que James tocara a mi puerta y me diera noticias. Aunque si me decía que quería que huyéramos juntos, me hubiera encantado más.
Con unos shorts, una camisa de seda a medio desfajar y unas botas altas, bajé al bufete del hotel. Aunque sabía que todo lo aprendido con Ágata ya no tenía