LUCIEN BLACKWELL
—¿Ves? A esto me refiero. —Sostuve el papel frente a sus ojos. Cuando desvió la mirada un fuego se encendió dentro de mi pecho, me estaba envenenando con rabia. Ahora esto se había vuelto personal, ¿cómo se atrevía a intentar arrancarme a mis mellizos?—. Eres una asquerosa mentirosa. ¿Tú sí puedes mentirle a la justicia, pero yo no? No me parece justo.
Arrugué los papeles y la obligué a abrir la boca, pero ella se rehusaba y sacudía la cabeza en ambas direcciones hasta que saq