DAMIÁN ASHFORD
La puerta de la residencia Blackwell se abrió lentamente, dejándome ver a Lucien cargando al pequeño Ángel en uno solo de sus brazos. Por un momento me vio desconcertado, su mirada se aseguró de que viniera solo.
—¿Quién es? —preguntó Camille en el fondo, con esa voz cantarina que me avisaba que estaba bien, que se sentía segura y feliz, irrumpiendo el silencio incómodo entre Lucien y yo.
—¡Nadie! —exclamó el imbécil, antes de cerrarme la puerta en la cara.
¡Hijo de toda su…!