LUCIEN BLACKWELL
De pronto el cielo se nubló y la lluvia comenzó a caer con fuerza, reduciendo el fuego y empapándome en pocos segundos.
—¿Eres tú, Anna? ¿No te agrada lo que hice? ¿Por qué siempre tienes que ser tan aguafiestas? —Negué con la cabeza mientras me sacudía las pequeñas gotitas de agua que caían de mi cabello. Mi chofer se acercó, sabiendo que era momento de partir, y así lo hicimos, directo a casa y a Camille.
Estaba ansioso de volverla a ver. Estaba ansioso de tenerla entre mis