La mansión era imponente. Una puerta de hierro forjado se abrió para dejar pasar el auto. Un jardín inmenso, con fuentes y árboles perfectamente podados. Una fachada de piedra blanca que parecía sacada de un cuento de hadas.
Adentro, todo era mármol y cristal y luz. Una escalera enorme que subía a los pisos superiores. Una lámpara de araña que colgaba del techo como una cascada de diamantes.
Mateo la esperaba en el vestíbulo. Su rostro era una máscara de hielo. Sus ojos negros la miraron sin em