Violet sintió el peso de sus propias palabras flotando en el aire.
—Sí —susurró—. Esta noche voy a cumplir con lo acordado.
La voz le salió temblorosa, apenas un hilo de aire, pero él la escuchó. La miró largamente. Sus ojos negros brillaban bajo la luz tenue, y ella no supo descifrar lo que había en ellos.
—Te espero afuera —dijo, con voz ronca.
Y salió del baño. La puerta se cerró detrás de él.
Violet se quedó sola, frente al espejo, con el vestido rojo a sus pies y la ropa interior apenas cu