Dos días después...
Los rayos del sol le acarician el brazo, que queda de lado de la ventana por donde estos se cuelan. Ella abre los ojos y se frota la piel caliente, luego se incorpora en la cama y bosteza.
Sus ojos escanean el lugar como si fuera la primera vez que despertara allí, puesto que todavía no se acostumbra a la lujosa habitación.
—Riú... —balbucea con tristeza y los ojos se le llenan de lágrimas.
Quisiera escuchar una explicación de su parte y que sus mentiras pudieran convencerla