Alexa se encuentra sentada frente a un arroyo, de donde crecen plantitas con flores rojas y anaranjadas, y cuyas corrientes separan a dos grandes hileras de árboles, abriendo un sendero de agua cristalina.
Las plantas de hojas verdes y amarillas se yerguen alrededor de este y ofrecen una fresca brisa, que acaricia la piel blanca y suave de la pelirroja.
—Mi vida se ha vuelto tan caótica... —se lamenta.
Trata de no romperse en llantos, pero es inevitable que las lágrimas le mojen las mejillas so