Un silencio tenso inunda la alcoba principal del alfa, donde las tres personas conscientes se encuentran perplejas.
El doctor deja salir un suspiro y recoge sus utensilios de trabajo.
—No me atreveré a proferir mi opinión, pero esto es impactante para mí —admite él, quien aún está anonadado.
Vesti se pone la mano en el pecho e inhala y exhala de forma repetida. Su cara, al igual que la de Zafra, se ha puesto pálida y denota desconcierto y terror.
—¿Está seguro? —cuestiona ella, aunque no se enc