Otsana se detiene cuando la carretera se termina y frente a ella se encuentra el bosque, que oculta el lugar secreto que le mostró el alfa.
—Gracias por acompañarme hasta aquí. Ya puede regresar —dice ella sin mirar al guerrero.
Él no responde, como tampoco se mueve de su lugar.
—Le dije que ya puede marcharse, yo sigo desde aquí —repite.
No recibir ninguna respuesta de su parte la pone recelosa.
—Debo acompañarte hasta que estés segura —contesta él al fin.
Otsana niega con la cabeza y se cruza