El abrazo de Franco y Vittorio se prolongó por un instante eterno, un torrente de lealtad, luto, y alivio. Enzo, el fantasma que había resucitado, sintió el peso de sus dos guerreros contra sus piernas, y el ancla que buscaba se hundió profundamente en el fango de su propia mentira.
Finalmente, Enzo se movió, no para devolver el abrazo, sino para terminarlo. Su cuerpo, aunque temblaba por la emoción, se irguió de golpe.
Severidad, Culpa y Fría Resolución.
El tiempo que pasa en la cabaña, el pel