POV: Lewis Stinson
El olor a antiséptico en el vendaje blanco era un recordatorio de mi propio fracaso.
Me quedé solo en la penumbra del despacho destruido, mirando mi mano derecha vendada. El dolor de los nudillos desollados latía al ritmo de los latidos de mi corazón, pero era un dolor anestesiado, inútil, demasiado pequeño comparado con el abismo que se abría en mi pecho cada mes de diciembre.
Cerré los ojos y apoyé la cabeza en el cuero del sillón.
El recuerdo llegó, implacable y cruel,