POV: Cristina Sousa
El mes de diciembre se tragó la Mansión Stinson como una fosa abierta.
No hubo decoraciones, no hubo luces en las ventanas, ni el olor a leña quemada y especias que solía invadir las calles de Nueva York. Dentro de aquellas paredes de piedra, el frío no venía de la nieve de afuera; venía de los pasillos. Los empleados comenzaron a caminar con la cabeza baja y a hablar en susurros. Incluso Leo, siempre tan imponente, parecía cargar el peso de una tormenta inminente en la es