POV: Lewis Stinson
Mi maldito café estaba frío.
Estaba sentado en la cabecera de la mesa de comedor de treinta puestos, revisando un contrato de exportación del puerto. El papel grueso, recién salido de la máquina de escribir, olía a tinta fresca y tabaco, pero mi cabeza ya latía por culpa de un cargamento que estaba retrasado en los muelles de Brooklyn. El reloj de caoba en la pared marcaba las siete de la mañana de aquel invierno miserable de 1950, y la pálida luz de Nueva York apenas lograba