Lena llegó a casa de sus padres. Marcus dormía plácidamente en su carriola, ajeno al caos de las últimas semanas.
Elena abrió la puerta. Sonrió al verlas. Sus ojos se posaron en el niño y su sonrisa se hizo más amplia.
—Qué hermoso —exclamó, y las hizo entrar—. Déjenlo aquí. Lo cuidaré como si fuera mío.
—Gracias, mamá —dijo Lena, y le dio un beso en la mejilla.
Elena miró a las tres mujeres. Las recorrió con la mirada.
—Diviértanse —dijo Elena, aunque su tono dejaba entrever una ligera duda—.