Apretó el volante más de lo necesario. Las luces de la ciudad se reflejaban en el parabrisas de su auto.
Todavía no se decidía. Estaba entre ir al bar que quedaba a diez minutos, un lugar simple, donde la multitud de borrachos iban a ahogar sus penas.
La otra opción era conducir otros veinte minutos y llegar al "Blue", un lugar menos ruidoso, que no admitía la entrada a cualquier persona. Igual ofrecía desahogo. Encuentros casuales.
Entonces recordó que le quedaba una tercera opción. Harper le