Lena frunció el ceño. El gesto fue instintivo, una respuesta a la rabia que sentía por dentro.
En el segundo siguiente, una mueca de dolor se dibujó en su cara: el parche en la frente tiró de la piel irritada, y el pequeño chichón latió bajo la gasa como si protestara por el abuso.
Se llevó la mano al vendaje, con suavidad esta vez, como si quisiera calmar el dolor en lugar de solo constatarlo. Sus dedos temblaron un poco. No supo si era por el golpe o por la ira acumulada.
—No sé cuál es e