Los días pasaron.
Lena trabajó en automático. Firmó papeles. Atendió llamadas. No recordó ninguna. El teclado de la computadora la miraba fijo. Las horas se le escurrían entre los dedos.
Al terminar su jornada, iba a visitar a Lía.
Como había pasado por aquel accidente, su madre le insistió hasta el cansancio para que aceptara la ayuda de Iván. Un empleado de confianza de su padre. Que ahora sería su chófer y guardaespaldas.
Ella aceptó a regañadientes.
El collarín aún rodeaba el cuello de su p