Al día siguiente, Alán se presentó en la oficina de la empresa familiar con la mente fija en el documento de liberación del casino.
Su andar era rápido, pero sus facciones lucían completamente rígidas.
Rara vez tocaba la puerta del despacho de su padre. Solo lo hacía en ocasiones de extrema necesidad, como un cambio de planes abrupto en el que se requería, sí o sí, la notificación inmediata a Humberto Montoya.
Los dos hombres mantenían una distancia prudente en el día a día. Nunca coincidí