Salgo de la ducha, sintiéndome decaída, y veo un mensaje en la pantalla de mi teléfono.
«Georgina, soy Ángel... lamento estar escribiéndote otra vez y con otro número porque me bloqueas de todos, pero necesito verte de emergencia... Sé que no merezco tu compasión ni nada que venga de ti, pero para que veas que hablo en serio, veámonos esta tarde en el restaurante que tanto nos gustaba.»
¿Habrá sucedido algo malo? El mensaje no tiene el tono habitual, no parece que busque algo sexual.
Le doy