Da un paso atrás y se acaricia la mejilla.
—¿Me querías dar ese anillo a mí, o a Dayanara? Eres un cobarde, y yo una ingenua. Creí en ti, y tú me... ¡arg!— Suelto un gemido adolorido.
Él intenta acercarse.
—No te acerques a mí. No quiero que esas manos promiscuas me toquen otra vez—
—¿De qué estás hablando?— En sus ojos se refleja verdadera confusión.
—Ya lo sé todo... No tienes que seguir fingiendo... Aunque ya me contaron lo bueno que eres al respecto, espero que conmigo ya te hayas grad