Reyyan
Nunca espere que al día siguiente de esa gala, al despertar, me encontraría en un lugar que no reconozco y menos compartiendo cama con mi jefe. «¿Cómo es posible que haya sucedido algo entre los dos si nos odiamos a muerte?» me grita mi subconsciente antes de comenzar a hiperventilar, me levanto con sumo cuidado de la cama para no despertar al hombre que duerme como oso a mi lado y muerdo mis labios para no gritar.
—¡Cálmate Reyyan!, ¡Cálmate! —me repito en un murmullo y casi al borde