—Mi amor, ¿tendrás alguna pastilla para el dolor de cabeza? —inquiere Gianluca acercándose por el pasillo y espantándome de tal forma que la pastilla que estaba por tomar rueda por el escritorio.
—¡¿Qué diantres te sucede Gianluca?! —chillo, molesta por su interrupción, al tiempo que escondo la cajita.
—Baja la voz, te lo juro que siento como si un pequeño duende estuviese dentro de esta linda cabecita y me estuviese taladrando el cerebro —masculla, cerrando los ojos y actuando como toda una d