Dos años después
—¿Por qué te sigues negando a casarte conmigo? —me cuestiona Alexandros, dejando los cubiertos y mirándome fijamente.
—¿Es en serio que estás preguntando eso frente a Casandra? —inquiero bastante molesta. No puedo creer que insista después de lo que sucedió en la madrugada.
—Sí, ¿qué tiene de malo?
—¿En verdad quieres que te responda frente a ella? —insisto, chasqueando la lengua.
—Sí, no tiene nada de malo —lo observo con los ojos entrecerrados, pero dado que él insistió,