Capítulo 36.
Sofía llegó a la mansión de los Alpes rodeada de un despliegue de seguridad que la dejó con la boca abierta.
En cuanto cruzó el umbral y vio a Elena, ambas se fundieron en un abrazo apretado que decía más que mil palabras.
No fue hasta que estuvieron encerradas en la habitación de invitados, con la puerta bien cerrada, que el aire pareció volver a sus pulmones.
—¡Elena, por fin! —exclamó Sofía, apartándose un poco para mirarla—. Estás hermosa, pero tienes una cara de cansancio que no puedes con