Capítulo 35.
El tintineo de la cuchara contra la porcelana era el único sonido que rompía el silencio tenso de la mañana.
Elena observaba el vapor que subía de su taza de café, sintiendo que la amplitud del comedor solo servía para resaltar la distancia que la separaba del hombre sentado frente a ella.
Dante revisaba unos informes en su tableta, con el ceño fruncido, luciendo ese porte correcto que lo hacía ver tan inalcanzable.
Elena, por su parte, jugaba con su comida. No tenía hambre, pero tenía un objet