Capítulo 29.
Elena pasó la noche en vela. El sueño erótico con Dante la había dejado más confundida que descansada, y el frío metal del contrato se le había clavado en el alma.
Al amanecer, se duchó con agua fría, tratando de borrar las sensaciones de su cuerpo y la rabia que le hervía en la sangre. No había alternativa. Dante la había acorralado.
Con los ojos rojos, pero completamente secos luego de limpiarse las lágrimas, Elena observó desde el ventanal cómo el auto blindado de Dante regresaba a la mansión