Capítulo 30.
Con una fuerza que ni ella misma sabía que tenía, Elena se puso firme, plantó los pies en la alfombra y lo empujó con ambos brazos.

Dante retrocedió un paso, sorprendido por el arrebato. Pero en lugar de enojarse, una sonrisa lenta y oscura apareció en sus labios.

Sus ojos, antes fríos, ahora brillaban con una chispa de lujuria que a Elena le revolvió el estómago.

Estaban hablando de un contrato humillante, de su futuro y del de su hijo, pero parecía que a él solo le importaba el desafío físico.
Emily Rose

Bien hecho, plátano hecho, jajaja así se hace, Elena.

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