La Unidad de Cuidados Intensivos es, irónicamente, el lugar más ruidoso del mundo cuando lo único que deseas es el silencio absoluto. El pitido rítmico, casi monótono, del monitor de signos vitales; el susurro mecánico, constante y gélido del respirador; y el goteo incesante de las bombas de infusión formaban la banda sonora de mi vigilia. Me negué rotundamente a abandonar la silla de metal, rígida e incómoda, situada justo al lado de su cama. Mis rodillas protestaban, mi espalda se sentía como