El día había comenzado bajo el manto de una rutina monótona, esa seguridad que solo el hospital puede ofrecer a quienes vivimos entre el caos. Mark y yo estábamos en el vestíbulo principal, recibiendo a la nueva tanda de residentes de primer año. Mark, extrañamente más sereno y brillante desde que su relación con Thiago había dejado de ser un secreto, les daba el discurso de bienvenida con esa autoridad característica, mientras yo observaba con mi habitual aire de distancia, ocultando la inquie