Salí del vestidor con la mandíbula firme y la bata impecablemente blanca. Leticia se había ido, pero el eco de sus palabras seguía flotando en los pasillos de obstetricia como un mal presagio. Sabía que su visita no era casual; era un ataque psicológico diseñado para desestabilizarme en mi primer día de vuelta.
—Doctora Harrington —la voz de Santi me sacó de mis pensamientos. Estaba parado al final del pasillo, cruzado de brazos, con esa mirada sagaz que siempre me analizaba—. He visto el show