El olor a antiséptico siempre me había parecido el aroma del propósito, pero hoy, en mi primer día oficial de regreso como residente de segundo año, se sentía como una advertencia silenciosa. Crucé las puertas automáticas de urgencias sintiendo el roce de la bata blanca contra mis caderas, una sensación extraña y casi ajena después de meses de pijamas de seda y mantitas de bebé. Ian me había dejado en la entrada con un beso cargado de orgullo y una advertencia en voz baja: "No intentes salvar a