—¡Déjalo! ¡Es mi hijo!
Se escuchó decir a Jessy por el micrófono oculto que lleva Ethan en un botón de la camisa.
Peter se incorporó como un recurso.
—¡Entramos ya! —dijo con los ojos desorbitados— ¡Esta expuesto!
Marcus, su padre, lo detuvo poniéndole una mano firme en el hombro.
—Espera. El chico está listo… y tú sabes que si irrumpimos sin un plan, todo se viene abajo. Si entramos a la fuerza ese mafioso puede hacerles daño.
—¡Ese desgraciado puede matarlo! —replicó Pedro.
—O puede creerle…