Cordelia
El beso no fue suave. Fue intenso, desesperado. Ambos nos devoramos como si no hubiera un mañana.
Sus manos firmes pero cuidadosas, encontraron mi cintura, y me atrajeron hacia él mientras el agua de la ducha seguía cayendo sobre nosotros.
Mis manos, aunque estaban temblando, recorrieron su espalda, dejándole marcas de mis uñas a su paso.
Sin apartar sus labios de los míos, subió una mano por mi costado hasta que apretó uno de mis senøs, haciéndome gemir de placer.
Metí una mano en s