Los padres de Thomas se levantaron. Caminaron hacia donde estaba Lenna, con paso inseguro, con el corazón en la mano.
—Querida —dijo la señora, con la voz quebrada—. ¿Cómo así? Pensamos que eras huérfana. Pensamos que no tenías familia.
Lenna se giró. Los vio. A ellos, que la habían tratado como una hija. Que la habían defendido contra su propio hijo. Que la habían amado sin saber quién era.
—No, mamá —dijo, tomándole las manos—. Cuando me casé con Tomás, yo dejé a mi familia por él. Pero ya vi