CAPÍTULO 44: La verdad que duele.

La tarde caía sobre la mansión como una cortina de luz naranja. La señora había salido a la farmacia, el señor dormía una siesta en su habitación, y la casa estaba en un silencio que parecía esperar algo. Lenna estaba en la sala, ordenando los cojines del sofá, cuando Anika bajó las escaleras. La vio aparecer con su bata blanca, el cabello suelto, los pies descalzos. Ya no se molestaba en fingir debilidad. No con Lenna. Solo con Thomas.

Anika caminó hacia ella con pasos lentos, calculados. Se d
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