—¡No, no! ¡Definitivamente yo invito!
—Está bien, tú invitas... Oye, ya que no hay nada que hacer en casa, ¿por qué no vamos a jugar al golf? —propuso Tobías.
Carmelo asintió de inmediato. —¡Claro, vamos! —exclamando, se volvió hacia Mariana y le preguntó— Mari, ¿sabes jugarlo?
Ella negó con la cabeza. Sabía hacer muchas cosas, pero el golf era lo único que no podía dominar. Era algo que requería paciencia, y lástima que ella no la tuviera, aparte de cuando cortejaba a Walter.
Carmelo se alegró