Sylan se inclina, tan cerca que puedo sentir su aliento sobre la piel desnuda de mi cuello, el calor de su cuerpo se fusiona con el mío de una manera que hace imposible respirar. Una pulgada más y estaría en sus brazos.
"Sé que tienes miedo", murmura, con voz baja e íntima. "Puedes susurrarme la respuesta. Nadie lo escuchará nunca. Nadie te hará daño nunca. Te lo juro, por mi vida".
Su cercanía trae consigo un aroma masculino, oscuro y adictivo, que solo profundiza la calidez que se extiende po