Capítulo 7.
La pelirroja descendía del vehículo, mientras pensaba en cuál era su mejor opción en ese caso. Aunque no tenía muchas, estas tampoco le daban la sensación de sosiego.
No conocía Manhattan, no le resultaba nada agradable tener un esposo que la encerraba para no darle libertad de al menos salir al pasillo. No quería volver a casa de los Bohemond, porque Lorcan tenía la manera de obligarla a hacer lo que quería y en el palacio Visconde, nadie le abriría los brazos para darle la bienvenida.
Pero