El mundo quedó en silencio por un instante.
Los demonios dormían, los fantasmas se esfumaban, el infierno seguían tomando almas y el tiempo seguía su curso. No había manera de detener nada y tampoco forma de borrar lo hecho y lo aceptado.
Harper dormía plácidamente, Mateo dejaba que sus pesadillas siguieran su curso, porque había aceptado que serían eso. Unas simples pesadillas que no saldrían, ni volverían.
Samuel Wolf era un fantasma que desaparecía en su cabeza y no tenía más poder sobre