Capítulo 163.
Valente había jugado bien sus cartas. Había hecho favores, había sabido a quién salvar y a quién cobrarle caro la ayuda. Tenía cazadores desperdigados, asesinos que le debían silencios, y algunas deudas que aún podía cobrar si las cosas se torcían. Pero lo suyo era una red frágil, tejida con hilos de conveniencia. Ninguno moriría por él.
Mateo, en cambio, tenía la lealtad de los Demons, un grupo de casi treinta guerreros entrenados no solo para matar, sino para desaparecer tras hacerlo. Cada un