El ascensor de carga era una jaula de hierro oxidado que crujía con cada milímetro de ascenso. El mecanismo, diseñado para transportar toneladas de mineral, gemía bajo el esfuerzo, mientras las llamas de la base de la resistencia se convertían en un resplandor naranja y lejano bajo nuestros pies. Willis estaba sentado en un rincón de la plataforma, su espalda apoyada contra el metal vibrante. Tenía los ojos cerrados y su respiración era un silbido húmedo, una lucha constante contra el colapso d