El recuerdo de sus manos sujetándome hizo que una oleada de calor recorriera mi piel de una manera extraña y desconcertante. Me había levantado como si no pesara nada, como si ni siquiera fuera una persona. Como si solo fuera algo tirado en el suelo que necesitaba ser recogido y trasladado.
Él me había sacado de aquella pesadilla.
Pero todo esto —esta vida, esta casa, este mundo, esta pesadilla— le pertenecía.
Este era su mundo. Esta era la vida que llevaban: un mundo de sangre, drogas y jueg