Capítulo 4: El Idioma de la Posesión
El estruendo de la arena no era de acero, sino de cuerpos chocando contra la piedra. Alaric, con el torso cubierto por una fina capa de sudor y aceite que hacía brillar sus músculos bajo la luz de los espejos, se deshizo de la última de las guerreras con un empujón cargado de desprecio. No había honor en esa lucha de seducción; para él, el contacto de cualquier piel que no fuera la de Isolde era una profanación que solo alimentaba su rabia.
La puerta de hier